El hombre del saco
Sinopsis, personajes y claves de la novela
Una novela inspirada en el crimen de Gádor
El hombre del saco se abre con un prólogo que nos sitúa en la Andalucía sangrienta de comienzos del siglo XX. En 1910, un babero llamado Francisco Leona, junto con la curandera (bruja) Agustina, realizó un macabro ritual que implicaba el sacrificio de un niño, con el propósito de curar a un tísico. Estas prácticas no eran algo extraño en la época, y Leona, que se ganó el apodo de “hombre del saco” por la manera en que capturaba a los niños, no fue capturado en esta versión de la historia…
Pablo Leona: el hombre del saco moderno
Sin embargo, el foco de la historia no está en el siglo XX, sino en el XXI. El protagonista no es Francisco Leona, sino Pablo, que, curiosamente, comparte apellido con este psicópata al que tanto admira. Él sabe qué sucedió en realidad con el barbero, que no terminó como todos piensan. A pesar de que, en el año 2023, es mucho más complicado obrar como Francisco y salir indemne, él saca su saco a pasear, ya por segunda vez, en la mismísima localidad de Gádor. Resulta que encontró a un niño que se apellidaba igual que la víctima del conocido crimen. ¿Cómo iba a poder resistirse?
Allí, precisamente en Almería, su tierra natal, parecía especialmente sencillo dejar libre a sus instintos más primarios (más letales). No es la primera vez que atenta contra la vida de alguien. De hecho, tiene un “segundo trabajo” como sicario de una poderosa mafia de órganos. Pablo disfruta trabajando, disfruta matando, y de momento nunca ha tenido ningún problema, pero la situación podría dar un giro en cualquier momento, cuando menos se lo espere…
Una infancia marcada por el maltrato
La infancia de Pablo fue complicada, en concreto sus primeros años de vida. Su madre era una maltratadora en toda regla, así que tuvo que criarse en un orfanato de Madrid, como un niño introvertido, incomprendido, pero extremadamente observador e inteligente. No hizo ni un solo amigo. Nunca se lo propuso, nunca lo necesitó.
Poderes sobrenaturales de manipulación
Pablo no solamente es inteligente y despiadado, sino que puede ejercer sobre las personas un poder efectivo, real, envidia de cualquier individuo manipulador. Así se ve reflejado, entre otros, en el personaje de Josefa, la directora de un psiquiátrico:
¿Dónde se perdían su pensamiento y su consciencia? ¿Por qué se sentía tan confusa? ¿Y por qué comenzó a soñar con unos ojos ambarinos que la perseguían, que la controlaban, que ejercían sobre ella un perverso poder sobrenatural?
Entonces, si Pablo es tan poderoso, si la mafia respalda sus asesinatos, ¿por qué todo se complica? Nada acerca de la mafia saldrá a la luz, pero Pablo no ha segado vidas únicamente por trabajo, y ese es precisamente su problema.
Una narrativa cruda y visceral
Esta novela es una inmersión al mundo del crimen, así que quizá no todo el mundo pueda leer ciertos pasajes. En el relato no se omite la crudeza de los actos de Pablo, como podemos ver en este fragmento:
Le salpicó la sangre en la cara. Por los crujidos que sintió al introducirla, supo que le había roto cinco o seis dientes de leche. Los incisivos, seguro. Ya era hora de que se le cayeran. Muchos niños de su edad estaban ya mellados, con los dientes definitivos a medio salir.
Javier Martínez, un detective intuitivo
Por otra parte, en esta obra, el protagonismo está compartido. Javier Martínez, un joven detective, se encarga de investigar el caso de la desaparición de un niño, en Gádor, en 2023. Trabaja en el cuerpo policial de Almería, bajo el mando de Rafael Pérez, el comisario general. Igual que Pablo, no ha tenido un pasado fácil, pero por diferentes motivos. El monstruo de la bulimia, todavía, a veces, lo persigue en el presente…
A diferencia de los detectives más populares de la literatura y del cine, Javi no es experto, ni sabio, ni seguro de sí mismo. De hecho, su juventud hace que en ocasiones no lo tomen demasiado en serio. Sin embargo, tiene ciertas “visiones”, “intuiciones”… ¡ni siquiera él sabe cómo llamarlas!, que le guían en su investigación y le abren los ojos. Está empeñado en atrapar a un asesino que resulta tediosamente escurridizo…
¿Quién vencerá: la Justicia o la Maldad?
Los destinos de ambos protagonistas se cruzan en más de una ocasión. Tienen incluso la oportunidad de hablar:
El detective rompió el glacial silencio, sobresaltándolo:
—¿Frente a quién estoy? ¿Frente a Pablo Leona o frente al hombre del saco?
Pablo estuvo a punto de cometer un error, de decirle que eran la misma persona y que él era de los pocos que lo sabían.
En este fragmento del epílogo del libro, los dos saben bien quién es quien está frente a él. ¿Cómo se resolverá todo? ¿Quién terminará triunfante y quién de los dos fracasará? ¿Será la Justicia, o acaso la Maldad?
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