La princesa prometida me ha cautivado de nuevo

La princesa prometida me ha cautivado de nuevo

Esther Westley Blog Ishtar Terra

 

Queridos lectores,

Ya sabéis que no recomiendo todo lo que leo, sino solo lo que de verdad me marca y siento que merece la pena compartir.

La princesa prometida ya me cautivó cuando tenía seis años y vi la película. Me identifiqué con el protagonista y, cómo no, también me enamoré de él (así conocí yo el amor platónico).

Para estar a su altura, a falta de espada, utilizaba un lápiz para luchar. En el sentido metafórico, pero también en el literal, cuando coronaba mi atuendo con el antifaz.

Dieciocho años más tarde, encontré una joya en la estantería de casa, le quité una gruesa capa de polvo al pasar la mano y, al leer el título, ¡mis rodillas temblaron de la emoción! Como en la mayoría de los casos (aunque no todos), al leerlo pensé que superaba a la película.

Con esta reseña descubriréis de qué va el libro y comprenderéis mi fascinación.

La princesa prometida (1973) es una novela de aventuras, fantasía y romance combinada con elementos satíricos e incluso metaficción (más adelante lo explicaré mejor); es una reinterpretación del clásico cuento de hadas.

El autor es William Goldman, novelista, guionista y dramaturgo estadounidense. Alcanzó fama internacional gracias a obras como La princesa prometida y ganó dos premios Óscar por sus guiones de Butch Cassidy and The Sundance Kid y All the President’s Men. Su estilo destaca por el ingenio, el ritmo narrativo y la combinación de emoción y humor.

De qué trata La princesa prometida

La acción transcurre en la ciudad ficticia de Florin y el protagonista es Westley (quizás haya quien discrepe, porque hay otros personajes muy importantes, pero él es quien lleva casi todo el peso narrativo). Es un joven que trabaja de esclavo para una familia de campesinos, en su granja. Está perdidamente enamorado de la hermosa Buttercup, la hija de la familia. Cuando ella confiesa su amor, él se marcha, pero promete regresar cuando haya adquirido una buena fortuna.

Sin embargo, a Buttercup le llegan noticias de que un temido pirata ha acabado con su vida. Con el corazón hecho trizas, deja de creer en el amor. Así que no rechaza al maquiavélico príncipe Humperdinck cuando le propone matrimonio. Poco después de prometerse, la princesa es raptada por un grupo particular que se propone asesinarla: un italiano astuto, un gigante turco y un maestro de la esgrima español. ¿Alguien la salvará?

Supongo que os habréis dado cuenta de que aquí pasa algo raro. ¿Qué clase de escritor aniquila a su protagonista nada más comenzar la historia? ¿Acaso no he insistido en que Westley lleva casi todas las riendas de la acción?

No todo es lo que parece. No digo que Westley no muera. La princesa prometida no es un cuento rosa, pero sí que es mágico. Además, combina la narración de la «aventura clásica» con sátira y metaficción: Goldman se convierte en un personaje más en algunos apartados del libro.

Voz y estilo

La voz narrativa del relato clásico está bien trabajada, con un lirismo que aparece sobre todo en las escenas de acción, donde las imágenes ganan fuerza y presencia. Sin embargo, esto no complica la lectura: el lenguaje se mantiene sencillo y directo, lo que genera un ritmo ágil, casi musical.

Esta voz contrasta con la de William Goldman, que aparece en el prólogo y en bastantes intervenciones a lo largo de la historia. Aunque también es dinámica y divertida, nos saca del relato de aventuras. Se presenta como si fuera un editor de La princesa prometida, que debe dejar solo las partes buenas, por lo que a menudo irrumpe para justificar algo que ha recortado (satirizando así a las novelas llenas de digresiones innecesarias); o para contarnos su impresión de lo que acaba de suceder en la historia; o incluso «confiesa» algún que otro conflicto con su editor.

Estos fragmentos de metaficción pueden resultar interesantes para quienes escriben por vocación. A mí me parecieron ingeniosos y divertidos. Sin embargo, si algún día, leyendo el libro, no os convencen del todo, recomiendo saltar directamente a la historia. Sus intervenciones se distinguen con facilidad, ya sea en el prólogo o mediante el uso de la cursiva, así que podéis omitirlas sin perder el hilo.

Mucho más que arquetipos

Protagonistas y eje romántico

Westley y Buttercup son la idealización del amor romántico, pero Goldman también los satiriza. La joven se enamora intensa y profundamente de Westley después de haber convido con él muchos años e incluso insultarlo a diario.

La pareja también es la perfecta representación de la belleza: cabellos de oro, ojos azules, rostros simétricos, etc. Sin ir más lejos, Buttercup es la mujer más bella del mundo.

Aunque no están juntos en gran parte de la novela (la trama gira en torno al rescate de la princesa), el amor que los une es el motor de la acción, pues Westley es capaz de cualquier cosa por su amada. Así, no solo representa al héroe ideal, sino al tópico medieval del amor cortés. Su frase «como desees» establece un código emocional basado en la entrega total al ser amado, una idea fija que justifica su comportamiento a lo largo de la historia.

Aventureros, amistad y venganza

Íñigo Montoya y Fezzik

Estos dos personajes se complementan entre sí, a pesar de lo distintos que son. La amistad que los une los ha salvado en varias ocasiones. Las escenas que protagonizan mantienen un tono épico y humorístico que casa muy bien.

Íñigo Montoya es un maestro español de la esgrima que busca venganza. Es difícil no reconocer su famosa frase: «Hola, me llamó Íñigo Montoya; tú mataste a mi padre; disponte a morir». Cuando era un niño, un malvado conde asesinó a su padre. Su venganza personal acaba entrelazándose con la misión de rescatar a la princesa. Al final, el mundo es un pañuelo.

Fezzik es un gigante turco con súper fuerza. Por amenazador que pueda parecer, es un trocito de pan, de carácter simple y aficionado a las rimas. A veces, creo que él es el verdadero héroe.

Villanos y poder

El conde y el príncipe

El conde Rugen (el asesino del padre de Íñigo, el hombre de los seis dedos) y el príncipe Humperdinck (el prometido de Buttercup) son los antagonistas: hombres crueles y sin escrúpulos.

El conde Rugen es un apasionado del dolor, así que ha diseñado una Máquina de tortura capaz de absorber la vida. Esta, se encuentra en el corazón del Zoo de la Muerte, un espacio creado por Humperdinck.

Aficionado a la caza, el príncipe diseñó el Zoo de la Muerte para divertirse. Aunque Goldman no ha declarado haberse inspirado en La Divina Comedia, el zoo guarda paralelismos con el Infierno dantesco. No parece una mera coincidencia.

Me di cuenta a mitad de libro y establecí esta comparación:


Descenso por niveles Ishtar Terra

Sin duda, el Zoo de la Muerte es un infierno.

La arquitectura del relato

No es solamente la voz lo que confiere dinamismo a la narración, sino también su estructura. Uno de los mejores recursos para mantener el interés es cambiar el foco narrativo. Empezamos con la princesa, continuamos con el príncipe, más tarde nos presentan a Íñigo y a Fezzik, etc.

Este cambio en el sujeto de la acción actúa como gancho cuando, por ejemplo, están a punto de torturar a Westley y acaba el capítulo. Y el siguiente abre con los problemas en que los otros dos héroes andan envueltos. No solo estamos hablando de un cliffhunger (ese cierre potente a final de capítulo), sino de dejar la trama abierta y no continuarla inmediatamente. Hay que ser un genio de la narración para lograr mantener el interés cuando jugamos de esa manera con el foco narrativo (no puede hacerse de cualquier manera).

Otro de los recursos que también rompen con la monotonía es la combinación de acción narrada y diálogos. Está muy bien equilibrada. Además, no hay descripciones kilométricas y enredadas, de esas que impiden que la acción avance. (Bueno, Goldman dice que en el original las había y que tuvo que recortarlas).

Al final de la historia de La princesa prometida, Goldman presenta la supuesta continuación de la novela inacabada: El bebé de Buttercup. Esta última sección, concebida como un cierre alternativo, es divertida y mantiene el tono satírico, al tiempo que amplía algunos rasgos de los personajes. Sin embargo, su estructura es más fragmentaria y el cambio de tono respecto a la novela principal puede resultar chocante.

Aunque esta incoherencia forma parte del juego paródico del texto, es posible que se perciba como un punto débil, ya que contrasta con la cohesión y el ritmo de La princesa prometida.

¿Esperabais un cierre potente? No es que este no lo sea, pero su efecto es distinto. En cualquier caso, la decisión de separarlo del relato principal y presentarlo antes de que nos lo encontremos, refuerza su carácter satírico y metaficcional.

¿Para quién es este libro?

La princesa prometida me cautivó a los seis años y ha vuelto a hacerlo a los veinticuatro. ¿Significa esto que es un libro para niños y para adultos? Sí, pero los niños quizás encontrarían confuso el juego de la metaficción. Si fuera el caso, podrían saltárselo sin problemas.

Creo que este libro gustará mucho a los lectores de aventuras y también a quienes les atraiga la deconstrucción del cuento clásico, la sátira al amor idealizado y el humor metanarrativo. 

El ritmo de lectura es uno de sus puntos más fuertes de la novela, lo que la hace perfecta para quien busque una lectura que se devora sin esfuerzo. La mezcla entre acción, diálogo y tensión constante hace que soltar el libro sea todo un reto.


Escena del Pantano de Fuego en La princesa prometida (1987)


Princesa prometida Escena del Pantano de Fuego en La princesa prometida (1987)


En esta escena, Westley y la princesa estaban a punto de salir del Pantano de Fuego (un lugar peligroso donde casi perdieron la vida), cuando se encontraron con Humperdinck. Lo que ocurrió a continuación me dejó estupefacta; no me gustó en absoluto.

No podía dar crédito a lo que leía y precisamente por eso, necesité continuar. Sabía que, tarde o temprano, la situación se encauzaría (ya lo había visto en la película). Las reacciones emocionales como esta también actúan como gancho: forman parte del suspense.

En definitiva, La princesa prometida es mucho más que una novela romántica. Aunque creo que ya os habréis dado cuenta, os animo a descubrirlo por vosotros mismos.

Si tenéis algún comentario acerca del libro o la película, podéis escribirme aquí.

Nos leemos pronto,

Ishtar Terra

@ishtar.terra.writer

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