Mis puertas de entrada al sueño lúcido
Mi cuerpo se relaja y pesa cada vez más sobre el colchón. Mis latidos se ralentizan, todo se vuelve negro y cuento menos respiraciones por minuto. A pesar de la incomodidad, mantengo la atonía y también la consciencia, incluso cuando parece que todo se apaga.
Noto una gran presión en el cerebro, como si fuera una naranja que están exprimiendo. Estoy a salvo, así que mantengo la consciencia aun cuando ya no siento mis latidos, ni mi respiración. Es como si me hubiera quedado sin cuerpo, un ente suspendido en la oscuridad. Me recuerda al espacio exterior. Tengo miedo, pero solo estoy quedándome dormida. Estoy tan cansada… Solo deseo caer en el sueño más profundo.
Entonces, me invade una sensación de vértigo, como si algo tirara de mí hacia el fondo del abismo. Caigo, dando vueltas y vueltas, y me acuerdo de Alicia cayendo por la madriguera. Mi caso es distinto, pues yo no dejaría de caer o simplemente despertaría, si no tengo éxito visualizando el escenario de aterrizaje.
Quisiera situar mi sueño en Roma o París, pero tendré que bajar las expectativas. Necesito un lugar cotidiano, que pueda reproducir al milímetro. Podría ser mi habitación, mi parcela o mi planta baja.
Aunque aterrizo en la planta baja besando el suelo, no me hago daño. El tacto frío de las baldosas, la puerta metálica, la oscuridad. Parece que tendré que salir para ver la luz. Me cuesta caminar: mis movimientos son torpes, pesados.
Tengo el terrible presentimiento de que el escenario se caerá a pedazos en cualquier momento. No quiero despertar.
Queridos lectores,
Acabáis de leer una entrada a un sueño lúcido desde la vigilia, que se produjo al quedarme dormida tras haberme despertado en mitad de la noche. Por si acaso no habéis leído mi entrada sobre los sueños lúcidos, aclararé que son aquellos en los que el individuo es consciente de estar soñando. Esa es la condición que ha de cumplirse para calificar a un sueño de lúcido, pues el nivel de control sobre los acontecimientos, así como su duración, son aspectos variables.
En este artículo, os hablaré del estado hipnagógico, que es esa transición vigilia-sueño, y compararé las vías de acceso al sueño lúcido que hacen que la experiencia sea cualitativamente distinta.
¿Qué es el estado hipnagógico?
El estado hipnagógico es la fase de transición al sueño. Pueden aparecer imágenes fragmentadas, sonidos internos, sensación de caída o vibración, etc. Es un fenómeno fisiológico, no una técnica voluntaria. Siempre atravesamos esta fase cuando nos quedamos dormidos, lo que pasa es que en la mayoría de casos no estamos conscientes y no la experimentamos. Es lo más común, pues en la transición al sueño se produce una relajación profunda. Las áreas cerebrales que procesan estímulos externos y las que participan en la toma de decisiones se vuelven menos activas.
En mi relato, la descripción del estado hipnagógico abarca hasta la primera oración del tercer párrafo, esta incluida. Del mismo modo que sucede con la parálisis del sueño, da un poco de miedo experimentar el estado hipnagógico sin saber qué es. Aquí, yo lo sabía, pues no era la primera vez, y aun así resultó incómodo. Incluso aunque se perciba como algo natural, aparecen sensaciones físicas como las que describo, debido a la activación del sistema autónomo y de las estructuras límbicas. Entre estas, destaca el papel de la amígdala, que procesa las emociones que tienen que ver con la supervivencia humana (miedo, ansiedad, ira, pero también placer y excitación) y que es la que genera esa sensación de vértigo y caída.
La vía puede modular la vivencia lúcida
La vía de acceso al sueño lúcido puede afectar a la calidad de este, tanto cualitativa como cuantitativamente. Os contaré mi experiencia comparando dos bloques diferentes: la entrada hipnagógica y la lucidez espontánea.
Entrada hipnagógica
Esta vía de acceso es la que he descrito en el relato inicial y es, sin duda, la más impactante. Dentro de esta, distingo tres variantes:
Método WILD (Wake-Initiated Lucid Dream)
LaBerge lo define como la técnica de atravesar la hipnagogia con la conciencia activa mientras el cuerpo se duerme, con el fin de entrar al sueño lúcido. Requiere de práctica y no es fácil dominarla de inmediato.
Parálisis del sueño
En mi artículo anterior mencioné que, en un episodio de parálisis del sueño, es posible decidir dormirse, en lugar de despertar. Solo he transitado al sueño lúcido a través de este estado una sola vez, y fue un sueño corto y poco estable. También lo intenté en otra ocasión, pero las alucinaciones no me dejaban concentrarme, me daban miedo y me distraían, así que desistí y decidí despertar. Por eso, aunque ahora veo la parálisis del sueño como una puerta al sueño lúcido, es la que menos me atrae.
Además, si la parálisis del sueño se da en el estado hipnopómpico (que se distingue del hipnagógico en que este sucede justo antes de despertar), es complicado prolongar el sueño porque el cerebro ya no necesita más REM.
Método WILD + WBTB
Esta combinación se refiere al método WILD, la entrada a través del estado hipnagógico, en este caso facilitada tras un microdespertar nocturno (WBTB).
El método WBTB (Wake Back To Bed) implica desvelarse durante unos minutos. Al volver a dormirnos tras interrumpir el ciclo del sueño, será más probable que entremos en fase REM para completarlo. Si, en este punto, atravesamos la hipnagogia sin perder la conciencia, ya lo tenemos.
Hay quienes practican voluntariamente el WBTB (con o sin WILD) y se desvelan a propósito, algo que yo jamás haría, pues me afecta la fragmentación del sueño. Programan una alarma para despertar de madrugada y pasan unos minutos (el intervalo más popular oscila de veinte a cuarenta minutos) distrayéndose con alguna actividad antes de volver a dormirse. Yo solo aprovecho mis indeseados microdespertares. Intento relajarme y repito mentalmente la intención de soñar lúcido. A veces, se puede sacar algo bueno de algo malo.
Las sensaciones de la vía hipnagógica
En definitiva, cada variante tiene sus pros y contras, pero todas estas comparten los fenómenos fisiológicos intensos de la hipnagogia (vibraciones, zumbidos, presión…) y la inestabilidad al inicio del sueño lúcido, que en mi relato se manifiesta a través de los movimientos torpes y del escenario a punto de desmoronarse.
Lucidez espontánea
Stumbrys y colaboradores definen el método DILD (Dream-Initiated Lucid Dream), que se produce cuando el soñador, de manera espontánea, cobra consciencia de estar soñando, sin haber aplicado ninguna técnica antes de dormirse. Yo lo vivo como un despertar dentro del sueño.
En mi caso, este despertar viene dado por comprobaciones de realidad que efectúo en el sueño (mirarme las manos, consultar la hora, comprobar mi peso corporal, etc.), o bien cuando detecto algo ilógico, surrealista o que, simplemente, no encaja. Esto no ocurre a menudo, por muy disparatados que sean mis sueños. La narrativa del sueño nos atrapa, nos convence, nos engaña.
Tipos de lucidez espontánea
Distingo dos variantes de lucidez espontánea:
Lucidez espontánea sin WBTB, es decir, no hay fragmentación del sueño. Simplemente se cobra conciencia del estado lúcido mientras se sueña.
Lucidez espontánea + WBTB, que consiste en darnos cuenta de que estamos soñando cuando volvemos a soñar después de un microdespertar (sin WILD). En ese rebote REM, el cerebro está más alerta.
Hay quienes compran antifaces o wearables que detectan la entrada a REM y emiten estímulos (luz, sonido, vibraciones) con la intensidad adecuada para que sean perceptibles, pero no provoquen el despertar. Estos estímulos se integran en el sueño de diversas formas y si el soñante las reconoce, puede darse cuenta de que está soñando. Un ejemplo sencillo sería que el cielo se volviera rojo cuando un antifaz emite un destello de luz roja y que el soñante lo reconociera. De todas maneras, hay que entrenarse para reconocer los estímulos, y no siempre su integración en la narrativa onírica es tan evidente como en mi ejemplo.

¿Qué vía de entrada al sueño lúcido prefiero?
La experiencia lúcida más óptima la obtengo con el método WBTB sin WILD. Es decir, obtengo mejores resultados cuando, tras un microdespertar, vuelvo a dormirme y me doy cuenta de que estoy soñando ya dentro del sueño. Aquí, no atravieso conscientemente la fase hipnagógica: la narrativa onírica está previamente construida, por lo que no necesito esforzarme en generar el escenario ni en estabilizar el modelo corporal. Así, evito los movimientos torpes y la oscuridad o falta de nitidez del entorno.
En cambio, en la vía hipnagógica (en cualquiera de sus variantes), la lucidez llega demasiado pronto, antes de que el entorno y el esquema corporal se hayan consolidado. Esto conduce a una doble carga cognitiva: sostener el escenario con suficiente nivel de detalle y, al mismo tiempo, construir el propio cuerpo. Algunos trucos que me han servido han sido esperar, tener paciencia, pedir luz cuando todo está oscuro y fijarme en los detalles, para dar tiempo a que se construya todo bien.
Quería contaros también algo que solo me sucede con la vía hipnagógica:
Yo siempre duermo con antifaz, así que, cuando caigo al sueño, en ocasiones, lo llevo puesto. Después de construir el escenario, todo sigue sumido en la oscuridad. ¡Parece imposible quitarme el antifaz! En estos casos, el antifaz termina por desaparecer aplicando los trucos que he mencionado antes.
Por otra parte, si hablamos de intensidad sensorial y carga emocional, con la vía hipnagógica las experiencias suelen ser más vívidas e intensas, incluso más fáciles de rescatar en la memoria al día siguiente, sin que falten pedazos. Sin embargo, como ya he explicado, supone un coste cognitivo mayor y, además, existe más riesgo de despertar prematuro. En estos casos, puedes volver a dormirte y, de nuevo, atravesar la fase hipnagógica para comenzar una nueva secuencia. El problema es que, si las secuencias duran poco, no te da tiempo a hacer mucho. ¡Y vuelta a empezar!
¿Vale la pena, si son solo diez segundos volando o deambulando por ahí? Sí, es divertido. Pero la vía espontánea facilita el flujo continuo del sueño, por eso la prefiero, incluso a pesar de que las experiencias más emocionantes suelen darse con la hipnagógica. Incluso aunque con la vía espontánea es sencillo perder la lucidez. Y no me refiero a despertar, sino a olvidar que estás soñando mientras continúas soñando.
¿Cuántas veces me habrá sucedido? Vuelo como un ave, surcando el mar, luego paseo por casa y descubro que tengo más periquitos; y al cambiar de secuencia, le estoy contando a un compañero del instituto el sueño lúcido anterior. La narrativa me atrapa y, aunque recuerdo que he soñado lúcido, he olvidado que sigo soñando. Mi mente me engaña.
En todo caso, con la vía espontánea hay menos riesgo de despertar prematuro y, si logro aplicar algunos trucos para mantener la lucidez que da el psiquiatra Javier Campayo en el pódcast de Jana Fernández, puedo estar horas soñando lúcido (aunque esto sucede menos de lo que me gustaría).
Aquí os dejo un cuadro comparativo que resume las diferencias en la experiencia lúcida según la vía de entrada:

Consejos para experimentar sueños lúcidos
Para practicar la vía hipnagógica, hay a quienes le va muy bien técnicas de mindfulness o el yoga nidra. Yo prefiero repetirme la intención de soñar lúcido mientras me relajo, antes de quedarme dormida. Imagino qué podría hacer en el sueño lúcido. Esto tiene un inconveniente, así que no siempre lo practico. A veces, la excitación anticipatoria a soñar lúcido, me impide relajarme del todo.
Para la vía espontánea, aunque yo no los he probado, están los antifaces o wearables de los que os he hablado. De todas maneras, no siempre garantizan el éxito y es necesario entrenar la capacidad de distinguir las señales que emiten y, ¡a saber cómo van a verse reflejadas en el sueño!
Para ambas vías, lo que a mí me funciona mejor son las comprobaciones de realidad, la confianza y la intención, porque ¿quién va a soñar lúcido si piensa que es imposible o si en realidad no quiere hacerlo?
Podéis escribirme aquí si tenéis preguntas o experiencias que queráis compartir.
Nos leemos pronto,
Ishtar Terra
@ishtar.terra.writer
Galaxia Ishtar Terra
Para saber más…
LaBerge, S. (1985). Lucid Dreaming. Ballantine Books.
Fernández, J. (2022). Sueños lúcidos, un nuevo estado de consciencia. Episodio 151 del Podcast de Jana Fernández con Javier García Campayo
Stumbrys, T., Erlacher, D., & Schredl, M. (2013). Frequency and characteristics of dream-initiated lucid dreams. International Journal of Dream Research, 6(2), 80–86.
